Es cierto que la sociedad cubana ha sido tildada de ser poco democrática a partir de la falta de espacios público para expresar libremente sus opiniones políticas o sociales, eso ha faltado, pero en las últimas décadas los espacios de debate y reflexión han aumentado en la isla los cuales son aprovechados por el enemigo para crear una matriz de opinión sobre supuesta división dentro del país.
Por estos días no han faltado los análisis de las entrevistas que vienen apareciendo en la plataforma La familia cubana, una situación que ha causado revuelo nacional e internacional y que se ha expresado abiertamente a través de las redes sociales.
Los análisis y comentarios han tenido los más variados enfoques, más agresivos en defensa de la revolución, los que vienen procedentes del exterior aplaudiendo esas declaraciones y otros más pausados que en un alto por ciento caen en el error de asumir las culpas del éxito de esos programas a nuestras deficiencias, y aquí nos detendremos.
Lamentablemente en este último aspecto los que han caído suelen ser defensores de este modelo de país que queremos los cubanos y paradójicamente, han sido los más preparados para enfrentar esta avalancha digital desinformativa contra Cuba.
Es cierto que en nuestro país se adolece de la información como espectáculo, nuestra prensa es fría dedicada en lo fundamental a divulgar actos y eventos de todo tipo, no busca el debate real ni representa la verdad completa de lo que se vive en la isla, pero de allí a ser los culpables que plataformas como la mencionada anteriormente sean exitosas por nuestros defectos va un largo trecho.
La campaña mediática contra Cuba se rige por patrones perfectamente estructurados, con mensajes bien pensados que pueden ser capaces de calar en lo más hondo del ser humano e incentivar esos pensamientos que permanecen dormidos y lanzarlo a las calles totalmente convertido en una fiera.
Eso sin contar con los enormes recursos técnicos y financieros de que disponen y que de este lado son muy modestos.
Los que han lanzados sus opiniones contrario a la mayoría están muy bien preparados e informados. No podemos ser ciegos y no ver el peligro que entraña un análisis superficial de este problema. Es cierto que tenemos la imperiosa necesidad de buscar opciones para nuestros jóvenes que los acerquen a nuestras raíces, pero de una forma atractiva, hemos cedido el espacio virtual a todo lo que nos llega del mundo, pero es un producto engañoso, enlatado y de dudosa historia.
Rápidamente muchos de los que viven de este negocio han aplaudido esos programas y eso no es casual, sigue siendo un guion perfectamente elaborado para que llegue a las masas jóvenes, las que tienen más posibilidades de realizar el cambio que ellos siempre han soñado.
No podemos pecar de ilusos ni perder el rumbo, nuestros errores están ahí y es imprescindible buscar una solución para que nuestros mensajes lleguen a las masas con total claridad, verdad y calidad, pero de allí a tener la culpa del éxito de esas plataformas va un largo trecho. Estas plataformas subversivas (que nadie lo dude, son subversivas) están pensadas y patrocinadas por grandes conglomerados de la información que reciben millones de dólares anualmente para atacar despiadadamente a un pequeño país, solo por ser soberano.
Tenemos que ser más activos con mensajes más reales y atractivos, utilizar las redes sociales e imponer nuestra historia, costumbres o problemas de forma sencilla, puntual y orgánica para así hacer frente a la globalización de la información.
Ejemplos de buen quehacer informativo sobran, pero desgraciadamente son los menores, pero no somos los culpables que esas plataformas que nos atacan sean populares. Detengámonos a pensar y analizar para hallar una respuesta sencilla pero eficaz, por ahora solo nos queda continuar llevando nuestra verdad al mundo y así desmontar las campañas contra Cuba sin perder el rumbo.
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