El 27 de noviembre se desarrollaron en Cuba las elecciones municipales del Poder Popular, es el escalón fundamental en la forma de gobierno en el paÃs. Este proceso tiene sus caracterÃsticas únicas en el mundo y es que los candidatos elegidos surgen del pueblo, es quien los nomina de forma pública en asambleas de barrio y posteriormente de forma secreta selecciona su representante mediante el voto directo. Se desarrolla de la forma más limpia y democrática que existe ya que es un mandato del pueblo sin intervención del Partido.
Previo al proceso eleccionario la contrarrevolución externa e interna lanzó su campaña, esta vez con la consigna “Yo no Voto” donde trataron de influenciar al pueblo a que no asistiera a las urnas para desacreditar al proceso y dar el llamado “voto de castigo” al gobierno revolucionario, pero una vez más el tiro les salió mal.
Los datos aportados por el Consejo Nacional Electoral, el órgano rector de los procesos eleccionarios en el paÃs, dicen que asistieron a las urnas 5 728 220 electores, lo que representa el 68% del padrón electoral nacional. Del total de boletas depositadas en las urnas resultaron válidas el 89.11%, señalando que estos resultados aún son preliminares. Ha resultado un proceso limpio, abierto y democrático en toda su extensión, sin ocultar información ni falsear los datos finales.
El dÃa de la votación, los odiadores residentes en varias partes del mundo y sus acólitos dentro del paÃs se dieron a la tarea de comenzar a desacreditar el proceso alegando las falacias que no se permiten observadores internacionales, que Cuba es un estado fallido y que no reconocerán los resultados finales, pero es aquà donde cometen sus errores, le dieron un seguimiento minuto a minuto a todos los partes publicados y a comparar con otros procesos similares de años anteriores. Entonces si no reconoces el proceso ¿por qué le prestas atención?, porque buscan cualquier pretexto para atacar la revolución.
Si bien es cierto que los resultados finales del domingo reflejan una disminución en la asistencia a las urnas con respecto a elecciones similares, no los podemos analizar de forma dogmática. Las caracterÃsticas de estas elecciones exigen que los electores deban ejercer el voto por sus lugares de residencia exclusivamente, debiendo tener en cuenta a las personas que por diferentes motivos personales no pudieron asistir a las urnas. No podemos analizar esas ausencias como un llamado contrario al gobierno, serÃa injusto y poco serio.
En este caso que analizamos es necesario hacer comparaciones y poner algunos ejemplos.
En las elecciones de medio término en los Estados Unidos desarrolladas a principios de noviembre de este año se estima una asistencia del 47% de los electores, los resultados finales se pueden tardar meses en ser publicados, no aceptan observadores internacionales y no hay un árbitro nacional que ponga las reglas del juego.
En Ucrania, la manzana de la discordia, se realizaron elecciones parlamentarias en 2019 y asistieron solo el 49.24% del padrón electoral. Otro paÃs europeo que se mantiene muy activo en el conflicto actual, Polonia desarrolló un proceso electoral legislativo y asistieron el 61.74% de los electores. En todos los casos menores que el cubano y nunca han sido descalificados.
Pero se pueden poner más ejemplos: Reino Unido ha tenido dos primeros ministros sin ser electos por el pueblo, sin contar al Rey, además en el caso de la Unión Europea sus principales lÃderes tampoco reciben el visto bueno de los pueblos en elecciones y en ambos casos tienen un amplio poder a nivel internacional. Entonces mirar de forma sesgada e incompleta el proceso cubano puede ser fatal y no entenderlo en toda su magnitud.
La contrarrevolución cubana no participa del proceso por su enorme incapacidad de proponer y aglutinar al pueblo, los candidatos surgen en el barrio y es el momento ideal para que los propongan y alcancen escaños en las asambleas municipales, pero no pueden porque en cada barrio los conocen bien. Que se recuerde y conozca un solo contrarrevolucionario en La Habana llegó a ser nominado, en ese caso se cumplieron todos los procesos establecidos y el dÃa de las elecciones fue literalmente “borrado”.
No podemos pensar que los resultados en los procesos electorales en el paÃs se acerquen a los anteriores, la sociedad ha cambiado, las personas también y por ende cambian muchas cosas. Pero sà debe cambiar el pensamiento hipercrÃtico de la contrarrevolución y serÃa ideal que lograran articular un criterio propio y dejaran atrás la ambición por el dinero.
Las elecciones en Cuba son libres y democráticas, eso deben entenderlo. No participar está en sus derechos, pero intentar desacreditarlas sin pruebas y con mentiras es un acto cobarde y cÃnico. El odio que llevan por dentro no los deja entender nuestros procesos y les duele la valentÃa del gobierno revolucionario de convocar distintas elecciones en momentos de crisis profunda.
La verdad siempre se impone y en este caso asà será. Que reciban su dinero, que la revolución seguirá su camino aunque tenga que derribar muros y canallas.