En nuestro recorrido
por la República Neocolonial llegamos a la nefasta fecha del 10 de marzo de
1952, donde el Senador Batista, junto con algunos militares activos y
retirados, toma el mando de la Ciudad Militar (Columbia). Con la excepción de
una protesta en Santiago de Cuba, todos los mandos aceptaron el golpe militar y
se pusieron a las órdenes de Batista. Ni en Palacio, ni en la Universidad, ni
en ninguna de esas otras ramas de las fuerzas armadas hubo protesta o rebelión
contra la acción de Batista. Aparentemente, los momentos difíciles que vivía la
República y la poca confianza del pueblo en el gobierno, crearon las
condiciones necesarias para que pudiera producirse un golpe militar que rompía
el proceso constitucional, sin ninguna reacción de las clases políticas, de las
fuerzas armadas o del pueblo. El 10 de marzo de 1952 se comenzó a vivir una de
las etapas más difíciles de la República Neocolonial, extendida a casi siete
años de lucha y enfrentamiento a la más sanguinaria y cruel tiranía sufrida por
el país, una de las más repulsiva y bárbara de la historia americana.
Para aplicar esta política Batista
creó, perfeccionó y reorganizó un aparato represivo que le permitiría aplastar
toda oposición posible, una de las fuerzas más corruptas y criminales que haya
conocido la República.
Se articularon dentro del
Ejército, la Policía y la Marina: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el
Buró de Investigaciones (BI), el Buró para la Represión de las Actividades
Comunistas (BRAC), el Comité Investigador de Actividades Comunistas, la Policía
Secreta, la Policía Judicial, el Servicio de Inteligencia Naval, el
Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional, entre otros. Así como,
grupos paramilitares, como los Tigres de Masferrer.
El Gobierno Militar
sustituyó el Congreso por un Consejo Consultivo, eliminó la Constitución del 40
y estableció los estatutos Constitucionales. Liquidó la libertad de expresión,
de reunión, de huelga y estableció la pena de muerte, además de eliminar la
Autonomía Universitaria.
El asalto al poder propició
el total desprestigio de los partidos tradicionales de entonces: Conservadores
y liberales se sumaron al nuevo gobierno; los auténticos se dividieron en
numerosas corrientes, todas desacreditadas, y el Partido Ortodoxo, fue presa de
la pasividad, la división y el desorden. Gran parte de los partidos políticos
se sumaron de inmediato a las filas de los golpistas, debido a la sensación de
impotencia e indecisión que predominaba en Cuba. Otros buscaron la solución por
la vía electoral. La Federación Estudiantil Universitaria fue la más activa
fuerza opositora al cuartelazo. Los jóvenes universitarios pidieron armas a
Prío para rechazar a los golpistas. Este prometió enviárselas, pero jamás
llegaron a manos de estos, que estaban dispuestos a defender la Constitución de
la República.
Con el derrocamiento del
gobierno constitucional y la abolición de la Constitución de 1940, Batista
impidió la victoria popular y afianzó el dominio de Estados Unidos en el
terreno económico del país.
El 27 de marzo de 1952, Estados
Unidos reconoció oficialmente al régimen de Batista. Como subrayó el embajador
estadounidense en La Habana, “las declaraciones del general Batista
respecto al capital privado fueron excelentes. Fueron muy bien recibidas y yo
sabía sin duda posible que el mundo de los negocios formaba parte de los más
entusiastas partidarios del nuevo régimen”.
Este golpe de estado, marcó
un punto de desviación en la historia de la Cuba de entonces. La muy compleja
situación en el orden económico, político y social y la expansión de los
Estados Unidos por las Américas, mantenía a la Isla en su punto de mira.
Las consecuencias del golpe
de Estado, tuvieron su mayor repercusión en el plano político, porque
contribuyeron a crear una situación revolucionaria en toda aquella aguerrida
juventud que despuntaba, con profundos intereses patrios.
Para contrarrestar el Golpe
y sus efectos nació un movimiento de nuevo tipo, encabezado por Fidel Castro, un joven abogado cuyas primeras actividades políticas se habían
desarrollado en el medio universitario y las filas de la ortodoxia. Preconizando
una nueva estrategia de lucha armada contra la dictadura, Fidel Castro y un grupo de
revolucionarios atacaron el 26 de julio de 1953 los Cuarteles
Militares
Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba y
Bayamo, respectivamente. Esta acción fracasó, muchos de los asaltantes fueron
asesinados por los soldados de Batista y otros fueron encarcelados, entre ellos
Fidel, su hermano Raúl, Juan Almeida, entre otros.
El 1 de noviembre de 1954 Batista
anunció que habrían elecciones en Cuba. Levantó la censura de prensa y el 28 de
octubre de 1953 finalizó el decreto que había suspendido las garantías
constitucionales tras las acciones del 26 de julio.
En la última semana de julio
de 1954 se anunció lo que toda Cuba sabía, que Batista sería candidato
presidencial. El general Batista se presentaba como candidato de los cuatro
partidos que habían apoyado el golpe de estado del 10 de marzo: Acción
Democrática, Liberal, Demócrata y Radical. Como candidato único de la oposición
participaría el ex presidente Ramón Grau San Martín. Los partidos ortodoxos y
auténticos optaron por el retraimiento electoral ante la falta de garantías.
Solicitó entonces Batista
licencia electoral, nombrando presidente provisional a su amigo Andrés Domingo
Morales del Castillo y realizó un gran despliegue electoral, cerrando su
campaña a finales de octubre con un gran acto en el Parque Central de La
Habana. Grau, por su parte hizo lo mismo en Santiago de Cuba. El médico ex
presidente se había visto muy beneficiado por algunas campañas de voto negativo
contra Batista, como la desarrollada por el Partido Socialista Popular. Sin
embargo, el día 31 de octubre, ante las cámaras de la televisión el
representante de Grau ante el Tribunal Supremo Electoral, Olba Benito, denunció
la ola de persecuciones y violencia desatada a lo largo de la Isla contra los
simpatizantes de la candidatura de Grau y otros elementos antibatistianos. En
un viraje de último minuto, Grau se sumó a la corriente abstencionista.
De esa forma Batista
concurrió como candidato único de las elecciones presidenciales de noviembre de
1954 y resultó electo con 1 262 587 votos. Sin derecho a re-elección como
marcaban las leyes constitucionales, Batista gobernaría la nación por los
próximos cuatro años, y los partidos políticos continuarían en el proceso de
elegir senadores, representantes, gobernadores, alcaldes y concejales a través
de las urnas.
Para los siguientes años
todo se mantendría igual, la represión, los asesinatos y la lucha
revolucionaria marcarían esos 4 años de mandato de Fulgencio Batista, que
estaremos analizando la próxima semana.
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Golpe de estado del 10 de marzo de 1952.
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Batista creó los más horrendos grupos de represión.
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Jóvenes valerosos como Abel Santamaría fueron masacrados el 26 de julio de 1953.
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