
En los últimos años, Cuba ha estado sumergida
en una crisis económica de grandes proporciones originada por la pandemia de
coronavirus, así como las tensiones a nivel global. Las críticas al sistema
social imperante en la isla han ido en aumento con el pasar de los días cuales
carroñas esperan el final de la presa para caer sobre ella y es por eso que
tratan de influir en el pueblo cubano para que desista de su sistema alegando
que el “Socialismo es un fracaso”. Pero criticar y convocar al pueblo a las
calles para que pida mejoras económicas sin mencionar los daños del bloqueo de
los Estados Unidos es poco menos que inmoral y mentiroso.
Si bien es cierto que Cuba tiene males bien
enraizados en la sociedad y que no se eliminarán de un plumazo, el bloqueo ha
estado presente en la historia de la revolución y ha sido también un elemento
de reconocimiento internacional para el pueblo que ha sabido crecerse para
fundar una sociedad justa y equitativa.
En la actual coyuntura es necesario entender
lo que representa el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados
Unidos contra Cuba, la sistematicidad y el rigor de su aplicación y los efectos
que produce en la economía y la sociedad para tener un criterio acertado de lo
que ocurre en Cuba en materia económica y social.
Debemos señalar primeramente que el bloqueo
es un acto de guerra impuesto en tiempos de paz y con el pasar de los años se
ha endurecido, ampliado y modificado
dependiendo del presidente de turno en la Casa Blanca y la situación de las
relaciones entre ambos gobiernos.
Es de sobra conocido que los Estados Unidos
cancelaron la cuota azucarera en el mercado de ese país en junio de 1959 y se
hizo oficial el 7 de febrero de 1962 cuando el presidente Jhon F. Kennedy cerró
totalmente la importación de mercancías de origen cubano y a partir de ese
momento se continuaron aplicando distintas medidas punitivas unilaterales.
En 1992 la ley Torricelli hizo del bloqueo
una ley extraterritorial, lo cual permitió fijar sanciones a terceras naciones
donde radiquen subsidiarias de empresas estadounidenses y a los barcos que
comercian con la isla. Pero eso no es todo, la ley Helms-Burton, de 1996 lo
internacionalizó, afianzó y lo recrudeció haciendo la rutina comercial de Cuba
toda una odisea. Adicionalmente se aplicaron otras medidas entre las que se
incluye la negativa de financiamiento a las ventas de productos agrícolas a la
isla y la negativa de viajes turísticos de ciudadanos de ese país a Cuba.
Durante el gobierno de Donald Trump se
adoptaron 243 medidas contra la mayor de las Antillas, entre ellas la
eliminación de los viajes de cruceros y de vuelos de aerolíneas a todo el país,
excepto La Habana, cancelación de los servicios consulares y su ubicación en
terceros países, impedimentos de transacciones bancarias, limitación primero y
posteriormente el cese total de las transferencias bancarias entre ciudadanos
de ambos países y el cierre total de las operaciones de la compañía Western
Union, las sanciones a empresas cubanas, la persecución implacable de navieras,
petroleras, aseguradoras y a tripulaciones que transportan gas licuado o
petróleo a la isla. Además de todo este enorme listado, se incluyó a Cuba en
una arbitraria lista de países patrocinadores del terrorismo lo cual tiene
efectos inmediatos en las relaciones financieras externas del país.
Para poder “saltar” por encima del bloqueo el
país tiene la necesidad de recurrir a intermediarios para acceder a
determinados productos, pagar mucho más por concepto de seguros y fletes, así
como aceptar el incremento de las comisiones que aplican las entidades
bancarias, produciéndose una elevación sustancial en los gastos que deben
incurrir las empresas cubanas.
Durante su aplicación el bloqueo ha causado
pérdidas que ascienden a 147 mil 853 millones de dólares y el valor en oro de
su costo ha sido de un billón 377 mil millones, afecta a toda la economía,
impide el acceso a materiales, productos y servicios del mercado internacional
y causa daños al sector privado y a terceros países.
El bloqueo impide a Cuba recibir los pagos
correspondientes por concepto de exportaciones y servicios, el deterioro de la
producción y los servicios en el país, la escases de medicamentos, alimentos,
combustibles, piezas de repuesto, así como la imposibilidad de acceder a
tecnología de punta, entre otros muchos problemas para el pueblo cubano.
El bloqueo de los Estados Unidos se
complementa con una intensa y criminal campaña de difamación, demonización e
injerencia política en los asuntos internos del país, conjugado con un programa
de subversión que recibe millones de dólares cada año con el fin de derrotar la
revolución.
El bloqueo es una violación masiva, flagrante
y sistemática de los derechos humanos, por eso cuando se hable de los problemas
económicos de Cuba, el primer aspecto a tener en cuenta es el bloqueo.
En el reciente acto central por el aniversario
69 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos
Manuel de Céspedes, celebrado en Cienfuegos, el presidente cubano señaló que
“(…) ineficiencias aparte, el bloqueo está en la raíz, en el tronco, en las
ramas y en los frutos de nuestras dificultades económicas”.
A pesar de eso, el Socialismo constituye para
Cuba la única vía posible para seguir construyendo la sociedad justa que Fidel
siempre soñó.