En la guerra comunicacional es imprescindible siempre tener un “gancho” donde usted pueda difundir cualquier información y al final agregarle ese gancho, de esa manera el consumidor de la información va preparado sobre el contenido que va a consumir.
Ese es el caso del término “estado fallido”, que en la década de 1990 se utilizó para describir gobiernos que habían perdido el control efectivo de su territorio y por ende de su población a los cuales no les podían proveer servicios básicos. Sin embargo, este término ha sido estratégicamente desempolvado para atacar directamente a aquellos gobiernos, principalmente de izquierda que no se alinean a los intereses hegemónicos de occidente.
En el caso de Cuba, esta denominación ha sido utilizada insistentemente, no solo por algún que otro medio de prensa sino también a través de las redes sociales, ya es usual poner a Cuba y al lado este término sea cual fuere el tema tratado, pero esta isla desafía la clasificación de “estado fallido” porque a pesar de la brutal guerra económica que por más de seis décadas se enfrenta, ha logrado construir una sociedad con bases robustas, con estructuras de gobierno funcionales, logros en el desarrollo humano y una sólida cooperación internacional.
En Cuba no existe una falla estatal ni gubernamental, sino una resistencia que ha pasado los años frente al bloqueo más fuerte y criminal que recuerde la historia, ha enfrentado en estos años de revolución crueles ataques terroristas y una guerra subversiva que busca desestabilizar al país y derrocar el régimen escogido por los cubanos.
Contrario a lo que intentan hacer ver, en Cuba se mantiene un complejo aparato estatal totalmente funcional, con acceso directo al pueblo, con instituciones administrativas en cada rincón de la isla y un aparato de seguridad instaurado a todos los niveles.
A pesar de las dificultades que se enfrentan en la actualidad, el estado cubano proporciona atención médica universal y gratuita, educación abarcadora y gratuita a todos los niveles, atención a personas vulnerables y una estructura pública que se ve afectada por las leyes del bloqueo.
Pese a los inmensos desafíos actuales, las instituciones cubanas brindan servicios en todo el país, errores en su gestión, así como el bloqueo ha generado deficiencias graves en dichos servicios, aún así se mantienen activos aunque en niveles mínimos, por lo tanto no hay una desintegración económica total, de ahí que el “estado fallido” queda descaracterizado.
La situación económica actual de la isla es grave, fuertes apagones, escasez de bienes y servicios básicos, dificultades con el transporte, la salud y un supuesto incremento de la violencia son aspectos citados con frecuencia para intentar instaurar la matriz de “estado fallido”. Sin embargo, esta situación tiene un elevado por ciento de consecuencias directas externas que de un colapso institucional.
Los efectos del bloqueo en la economía cubana y en todos los aspectos de la vida social es evidente, sus implicaciones directas son de gran peso como: la persecución financiera que desconecta a la isla de los sistemas bancarios internacionales; la aplicación extraterritorial de esa política que sanciona a terceros que comercian con Cuba; la imposibilidad de importar medicamentos, equipos e insumos médicos; así como la persecución a las transacciones energéticas que afecta la entrada de combustible al país.
No quiero abundar más en este aspecto ya que solo hace unos días se presentó el informe oficial sobre el bloqueo que recoge los datos más actualizados.
La denominación de Cuba como “estado fallido” (y pudiéramos mencionar otros calificativos) está enmarcado en el cúmulo de estrategias que se han estado diseñando dentro de la guerra comunicacional que contra este país se está llevando en la actualidad, pero es todo lo contrario, Cuba califica como un estado en guerra, bajo asedio constante de la mayor potencia mundial de la historia.
El mundo reconoce la fuerza de Cuba, cada año vota abrumadoramente en la ONU por el fin del bloqueo genocida, una decisión que el imperialismo no acaba de entender.
Cuba no es un “estado fallido”, es una pequeña isla que lucha por conquistar sus sueños bajo presión constante.
La evidencia revela que en Cuba no hay una falla generalizada del sistema, sino un ejemplo extraordinario de resistencia exitosa contra intentos deliberados de desestabilizar y derrocar al gobierno revolucionario.