Desde el mismo inicio de la revolución cubana, las relaciones con los Estados Unidos han estado marcadas por fuertes tensiones entre ambos estados. Los momentos de entendimiento han sido contados y fuerzas contrarias a una buena relación las han entorpecido al máximo.
No obstante, desde 1977 existen relaciones diplomáticas entre ambos países, pero con un bajo perfil a partir que el primero de septiembre de ese año se abrieron oficinas de intereses en ambas capitales.
Esa apertura se logra durante el mandato del demócrata James Carter aprovechando esa cobertura para comenzar a desarrollar las labores de espionaje más completa que recuerde la historia, con acciones dirigidas a reclutar personal cubano que les diera información de interés, además de suministrar equipos de comunicación y cifrado de la más moderna tecnología por aquellos años, sin olvidarnos del abastecimiento financiero imprescindible para el desarrollo de las acciones de espionaje.
Fueron tan intensas las labores de espionaje que se llevaban en el territorio nacional, que Cuba decide en 1987 realizar una denuncia pública a través de la televisión nacional. En esa ocasión se sacaron a la luz pública a 27 agentes de la Seguridad del Estado cubano que al mismo tiempo trabajaban para la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), es decir, hacían la función de dobles agentes, algo que la CIA no pudo lograr con sus efectivos, lo cual se reconoció años posteriores en el libro “Incide the CIA” escrito por el oficial de esa agencia Ronald Keesleren.
En aquel momento, Cuba demostró que en la Sección de Intereses norteamericana (SINA) habían acreditados como diplomáticos 22 agentes CIA y 54 personas como diplomáticos de tránsito. Debemos señalar además que esta enorme denuncia fue obviada por la gran presa estadounidense en su afán de esconder el sonado fracaso de la CIA en su guerra oculta contra Cuba.
Después de aquel estrepitoso fracaso, los Estados Unidos y sus agencias de inteligencia tuvieron que cambiar la estrategia. Sin abandonar del todo el espionaje directo se dieron a la tarea de reforzar la subversión política ideológica convencidos (o al menos ellos pensaban eso) que sería la fórmula ideal para derrocar la revolución.
Utilizando el muy conocido guion de las violaciones a los derechos humanos y con el presidente Carter como principal promotor de esa estrategia, comenzaron a surgir los elementos contrarrevolucionarios dentro de la isla, quienes recibían órdenes desde Washington con el trabajo a realizar, además del apoyo material y financiero que nunca pudo faltar. Así aparecieron las primeras supuestas denuncias de violaciones a los derechos humanos en Cuba.
Así surge el llamado Comité Cubano Pro Derechos Humanos con Ricardo Boffil Pagés e integrado por una pléyade de conocidos “activistas” como Martha Frayde Barraque, Edmigio López Carrillo, Enrique Hernández Méndez, Adolfo Rivero Caro y el camaleón Elizardo Sánchez Santa Cruz.
Durante todos estos años de fomento de la contrarrevolución interna en la isla, la CIA aplicó los mismos métodos que les dieron resultados en Europa del Este en 1983 con el Proyecto Democracia. En su afán de continuar fortaleciendo la supuesta oposición se funda la Comisión Cubana de Derechos Humanos por Elizardo Sánchez Santa Cruz en 1987, comisión que respondía directamente a las indicaciones y orientaciones de Miami.
Pero la CIA y sus centros subversivos que actuaban contra la revolución cubana, no tuvieron en cuenta que estas personas eran movidas solo por intereses personales, el dinero, de tal manera Elizardo Sánchez se separa de esta comisión solo meses después de creada y presenta otra comisión; en este caso se llamaría Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional que tenía como único fin, obtener más dinero.
A partir que la CIA se dio cuenta que existían muchas comisiones de derechos humanos y que carecían de respaldo, comenzaron a organizar los “Partidos independientes” con la idea de demostrar que la oposición política dentro de la isla ganaba espacios. Es por esa razón que en 1988 Ricardo Boffil Pagés conforma el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba con el cual lo único que logró fue obtener suficientes ganancias para establecerse definitivamente en Miami, por lo cual la dirección de esa organización recayó en Gustavo Arcos Bergnes.
A pesar de todo el esfuerzo imperial, la contrarrevolución interna carecía de la necesaria unidad para hacerse creíbles, además de la habitual riña entre ellos para obtener los mejores beneficios, razón por la cual le dan la tarea a Elizardo Sánchez de unificar a los “opositores”.
Es así que se crea la Coordinadora de Derechos Humanos que la integraban varias comisiones que ya estaban creadas, así como algún que otro “Partido” recién fundado. Debemos señalar que en este periodo se crearon aproximadamente 40 organizaciones contrarrevolucionarias dentro de Cuba, todas fabricadas desde los Estados Unidos, recibían indicaciones y abastecimientos desde ese país, razón por la cual ninguna de ellas alcanzó el reconocimiento del pueblo.
Los integrantes de estos “grupúsculos”, porque tenían nombres muy pomposos pero eran conformados por pocas personas, solo buscaban el beneficio personal, dinero fácil enviado desde Washington y Miami, así como alcanzar un aval suficiente que les permitiera radicarse en los Estados Unidos.
A pesar de todo el esfuerzo de las agencias de espionaje la revolución cubana se consolidaba, así aparece en 1995 el primer programa de la USAID para Cuba aprobado por el entonces presidente Bill Clinton el cual junto a otras organizaciones pantallas asignaba millones de dólares para la subversión interna en la mayor de las Antillas.
Según informaciones del propio gobierno estadounidense a partir de auditorías realizadas, se confirma que solo entre 1996 y 2006 el programa de la USAID suministró 385 libras de medicinas, ropas y alimentos, más de 23 mil radios de onda corta, además de cientos de libros y manuales para desarrollar la subversión política ideológica, envíos que en años sucesivos se incrementaron.
Entre los diplomáticos que han estado acreditados en la isla, la característica fundamental ha sido apoyar abiertamente a estos grupos de oposición, viajar por todo el país, así como realizar reuniones en sus instalaciones sin informar previamente a la cancillería cubana como se debe hacer cuando se quieren relaciones serias y de cooperación.
Algunos de los diplomáticos más activos en el desarrollo y consolidación de la subversión contra el pueblo cubano está Vicki Huddleston quien fue jefa de la SINA entre 1999 Y 2002, siendo sustituida por James Cason entre 2002 y 2005 quien traía instrucciones precisas de provocar al gobierno cubano para lograr su expulsión del país y así desatar una crisis diplomática. Entre sus mayores “logros” fue la instalación de un cartel lumínico en la fachada de la sede diplomática que pasaba noticias subversivas al pueblo que se congregara cerca de sus instalaciones.
Después de casi 40 años como sección de intereses y durante el mandato de Barack Obama se llega a convertir en embajada, pero nunca ha sido cubierto el cargo de embajador, solo se ha llegado a encargado de negocios, una muestra que no hay ningún interés en fortalecer las relaciones.
A pesar del acercamiento entre las dos naciones, la política de subversión se mantuvo inalterable, aplicando las mismas dosis de provocaciones de antaño, aún así ha sido imposible el derrocamiento de la revolución cubana.
Actualmente se encuentra destinado en La Habana como encargado de negocios, el archiconocido provocador Mike Hammer, (de quien hablamos en estas páginas) recibiendo recientemente el apoyo de Roy Perrin como Jefe Adjunto de misión. Este movimiento del gobierno de Trump influenciado por Marco Rubio demuestra el desespero de la bancada republicana en obtener resultados tangibles en su guerra de nueva generación que lleva contra Cuba.
Las funciones de Roy Perrin en Cuba son las de dirigir las acciones operativas, coordinar varias secciones de la sede, además de evaluar e informar al Departamento de Estado de cuestiones estratégicas dentro del país.
Inmediatamente a su llegada, su jefe Mike Hammer organizó una velada de presentación con los “activistas disidentes representantes de la sociedad civil cubanas”, integrantes de organizaciones religiosas entre otros selectos elementos contrarrevolucionarios que solo buscan ganar el dinero fácil.
A pesar de todo el entramado millonario que se destina contra Cuba, los éxitos no llegan, la “oposición” que por años Estados Unidos ha querido vender al mundo carece de moral y reconocimiento, son personas que solo buscan obtener beneficios personales a costa del dinero de otros.
Hemos querido hacer un resumen de la labor subversiva que los diferentes gobiernos estadounidenses han realizado contra Cuba, situación que no debe cambiar mientras esté Donald Trump en el poder y la jauría anticubana que lo rodea.
Seguirán rodando los millones, muchos se enriquecerán, pero resultados visibles no van a encontrar porque Cuba, a pesar de los pesares seguirá siendo la isla rebelde e indomable.
| Maike Hammer, derecha, junto a Roy Perrin |
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