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27 abril 2022

Cuba, presidentes y Neocolonia. (11)

 

En nuestro recorrido por la República Neocolonial llegamos a la nefasta fecha del 10 de marzo de 1952, donde el Senador Batista, junto con algunos militares activos y retirados, toma el mando de la Ciudad Militar (Columbia). Con la excepción de una protesta en Santiago de Cuba, todos los mandos aceptaron el golpe militar y se pusieron a las órdenes de Batista. Ni en Palacio, ni en la Universidad, ni en ninguna de esas otras ramas de las fuerzas armadas hubo protesta o rebelión contra la acción de Batista. Aparentemente, los momentos difíciles que vivía la República y la poca confianza del pueblo en el gobierno, crearon las condiciones necesarias para que pudiera producirse un golpe militar que rompía el proceso constitucional, sin ninguna reacción de las clases políticas, de las fuerzas armadas o del pueblo. El 10 de marzo de 1952 se comenzó a vivir una de las etapas más difíciles de la República Neocolonial, extendida a casi siete años de lucha y enfrentamiento a la más sanguinaria y cruel tiranía sufrida por el país, una de las más repulsiva y bárbara de la historia americana.

Para aplicar esta política Batista creó, perfeccionó y reorganizó un aparato represivo que le permitiría aplastar toda oposición posible, una de las fuerzas más corruptas y criminales que haya conocido la República.

Se articularon dentro del Ejército, la Policía y la Marina: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Buró de Investigaciones (BI), el Buró para la Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), el Comité Investigador de Actividades Comunistas, la Policía Secreta, la Policía Judicial, el Servicio de Inteligencia Naval, el Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional, entre otros. Así como, grupos paramilitares, como los Tigres de Masferrer.

El Gobierno Militar sustituyó el Congreso por un Consejo Consultivo, eliminó la Constitución del 40 y estableció los estatutos Constitucionales. Liquidó la libertad de expresión, de reunión, de huelga y estableció la pena de muerte, además de eliminar la Autonomía Universitaria.

El asalto al poder propició el total desprestigio de los partidos tradicionales de entonces: Conservadores y liberales se sumaron al nuevo gobierno; los auténticos se dividieron en numerosas corrientes, todas desacreditadas, y el Partido Ortodoxo, fue presa de la pasividad, la división y el desorden. Gran parte de los partidos políticos se sumaron de inmediato a las filas de los golpistas, debido a la sensación de impotencia e indecisión que predominaba en Cuba. Otros buscaron la solución por la vía electoral. La Federación Estudiantil Universitaria fue la más activa fuerza opositora al cuartelazo. Los jóvenes universitarios pidieron armas a Prío para rechazar a los golpistas. Este prometió enviárselas, pero jamás llegaron a manos de estos, que estaban dispuestos a defender la Constitución de la República.

Con el derrocamiento del gobierno constitucional y la abolición de la Constitución de 1940, Batista impidió la victoria popular y afianzó el dominio de Estados Unidos en el terreno económico del país.

El 27 de marzo de 1952, Estados Unidos reconoció oficialmente al régimen de Batista. Como subrayó el embajador estadounidense en La Habana, “las declaraciones del general Batista respecto al capital privado fueron excelentes. Fueron muy bien recibidas y yo sabía sin duda posible que el mundo de los negocios formaba parte de los más entusiastas partidarios del nuevo régimen”.

Este golpe de estado, marcó un punto de desviación en la historia de la Cuba de entonces. La muy compleja situación en el orden económico, político y social y la expansión de los Estados Unidos por las Américas, mantenía a la Isla en su punto de mira.

Las consecuencias del golpe de Estado, tuvieron su mayor repercusión en el plano político, porque contribuyeron a crear una situación revolucionaria en toda aquella aguerrida juventud que despuntaba, con profundos intereses patrios.

Para contrarrestar el Golpe y sus efectos nació un movimiento de nuevo tipo, encabezado por Fidel Castro, un joven abogado cuyas primeras actividades políticas se habían desarrollado en el medio universitario y las filas de la ortodoxia. Preconizando una nueva estrategia de lucha armada contra la dictadura, Fidel Castro y un grupo de revolucionarios atacaron el 26 de julio de 1953 los Cuarteles Militares Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente. Esta acción fracasó, muchos de los asaltantes fueron asesinados por los soldados de Batista y otros fueron encarcelados, entre ellos Fidel, su hermano Raúl, Juan Almeida, entre otros.

El 1 de noviembre de 1954 Batista anunció que habrían elecciones en Cuba. Levantó la censura de prensa y el 28 de octubre de 1953 finalizó el decreto que había suspendido las garantías constitucionales tras las acciones del 26 de julio.

En la última semana de julio de 1954 se anunció lo que toda Cuba sabía, que Batista sería candidato presidencial. El general Batista se presentaba como candidato de los cuatro partidos que habían apoyado el golpe de estado del 10 de marzo: Acción Democrática, Liberal, Demócrata y Radical. Como candidato único de la oposición participaría el ex presidente Ramón Grau San Martín. Los partidos ortodoxos y auténticos optaron por el retraimiento electoral ante la falta de garantías.

Solicitó entonces Batista licencia electoral, nombrando presidente provisional a su amigo Andrés Domingo Morales del Castillo y realizó un gran despliegue electoral, cerrando su campaña a finales de octubre con un gran acto en el Parque Central de La Habana. Grau, por su parte hizo lo mismo en Santiago de Cuba. El médico ex presidente se había visto muy beneficiado por algunas campañas de voto negativo contra Batista, como la desarrollada por el Partido Socialista Popular. Sin embargo, el día 31 de octubre, ante las cámaras de la televisión el representante de Grau ante el Tribunal Supremo Electoral, Olba Benito, denunció la ola de persecuciones y violencia desatada a lo largo de la Isla contra los simpatizantes de la candidatura de Grau y otros elementos antibatistianos. En un viraje de último minuto, Grau se sumó a la corriente abstencionista.

De esa forma Batista concurrió como candidato único de las elecciones presidenciales de noviembre de 1954 y resultó electo con 1 262 587 votos. Sin derecho a re-elección como marcaban las leyes constitucionales, Batista gobernaría la nación por los próximos cuatro años, y los partidos políticos continuarían en el proceso de elegir senadores, representantes, gobernadores, alcaldes y concejales a través de las urnas.

Para los siguientes años todo se mantendría igual, la represión, los asesinatos y la lucha revolucionaria marcarían esos 4 años de mandato de Fulgencio Batista, que estaremos  analizando la próxima semana.

 

 

10 de marzo de 1952: a 70 años de la ruptura del orden democrático de Cuba  – DemoAmLat
Golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

 

Los cuerpos represivos de la dictadura en la capital del país
Batista creó los más horrendos grupos de represión.

 

e.i.: Historia y absolución en el Moncada (3): Los ojos de Abel
Jóvenes valerosos como Abel Santamaría fueron masacrados el 26 de julio de 1953.

 

 

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