Durante varias semanas les hemos estado presentando algunos pasajes históricos de la Cuba prerrevolucionaria, aquellos que en muchas ocasiones no le cuentan con toda claridad. En estas entregas nos hemos centrado en los más connotados asesinos de la época que con enorme sangre fría sembraron el terror en todo el territorio nacional.
Para esta última entrega nos centraremos en dos célebres asesinos, Conrado Carratalá y Merob Sosa.
Conrado Carratalá es un connotado asesino durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista, ingresó en la policía como vigilante el 25 de noviembre de 1933 con 22 años, ganando ascensos en la medida en que sus crímenes y torturas servían para apoyar a los gobiernos de turno. Sin embargo, su carrera ascendió meteóricamente a partir del golpe de estado de 1952 y su grado de comprometimiento en el golpe.
A solo 5 días del golpe de estado fue ascendido al grado de Comandante y el 8 de mayo de ese mismo año fue ascendido a Teniente Coronel y Coronel de Primera División de la Policía Nacional.
Este criminal escribió horrendas páginas de torturas, violencia, abusos y atropellos, pero no actuaba solo y se sentía protegido y envalentonado cuando estaba apoyado por otros sicarios como Esteban Ventura y Lutgardo Martín Pérez.
Son incontables los hechos cometidos por el “famoso Coronel”. Una de ellas fue el caso de José Fortuny Rodríguez, quien fue detenido el 12 de diciembre de 1953 cuando salía de su trabajo. Fue conducido al SIM, torturado y asesinado por varios sicarios entre los que se encontraba Conrado. Su cadáver apareció tirado en el Reparto Buena Vista.
Otro hecho bochornoso ocurrió a fines de 1956 cuando arrestaron al padre Ramón O’ Farril, acusado de ocultar a 8 jóvenes revolucionarios en el templo que tenía a su cargo. Los esbirros le exigían la delación y al no poder conseguirla, sometieron al padre a 4 días de torturas y vejaciones.
El sacerdote fue sacado del suplicio con los oídos sangrantes, costillas fracturadas y ultrajada su dignidad. Junto a Conrado Carratalá participó en este hecho el reconocido asesino Rafael Salas Cañizares.
Sobre este acontecimiento se conoce que una vez que arrestaron a Sergio González, El Curita lo torturaron, le extirparon sus partes, le pincharon y quemaron el pecho. El cadáver de Sergio González y sus compañeros aparecieron acribillados a balazos en el reparto Fontanar.
Pero no fue todo, participó en la masacre del recinto penitenciario conocido como el Castillo del Príncipe el 1ro de agosto de 1958.
El motivo de la matanza y la irrupción de Carratalá y otros esbirros fue la decisión de los reclusos de cantar el himno nacional a determinadas horas del día.
El impetuoso Coronel dio escape a sus impulsos homicidas disparando la ametralladora a mansalva sobre 500 presos políticos encerrados en ese recinto.
El resultado fue de 8 muertos y numerosos heridos entre los que estaban Vicente Ponce Carrasco, Roberto de la Rosa Valdés y Reinaldo Gutiérrez Alonso.
Con todos estos antecedentes, Conrado Carratalá Ugalde fue recibido con los brazos abiertos en territorio de los Estados Unidos sin importar las pruebas acusatorias presentadas en su contra. El gobierno cubano solicitó la extradición sin recibir respuesta.
El otro connotado asesino en el cual nos centraremos en esta última entrega es Merob Sosa, nacido en La Habana el 1ro de diciembre de 1920. Sus mayores crímenes fueron cometidos cuando dirigiendo las tropas, incursionaba en el territorio de la antigua provincia de Oriente. Allí sembró el terror entre la población civil de la Sierra Maestra.
Ingresó al ejército el 18 de mayo de 1942, alcanzando los grados de Teniente Coronel en 1958.
El 28 de mayo de 1957 fue nombrado Jefe de Batallón de la Sierra Maestra, momento donde saca a flote todo su carácter de férreo asesino y torturador.
El día 14 de noviembre de 1957 en la zona del central Pilón hubo de sorprender un grupo campesino comandando por Crescencio Pérez a la cual le causó 30 muertos.
Otra de las macabras facetas de este asesino fue su condición de verdugo y torturador en Bayamo, donde para torturar y masacrar a sus víctimas se desnudaba completamente.
En esa ciudad, en la zona conocida como La Pesa era el lugar donde ocurrían las más atroces torturas. Para “hacer hablar a los prisioneros” les propinaban palizas, quemaduras con hierros candentes, les trituraban los órganos genitales y los sentaban en “la silla del candil”, un artefacto donde eran sentados los detenidos donde les aplicaban un extraño dispositivo canicular para suministrarle un feroz corrientazo en las mismas entrañas que en muchas ocasiones los mataba. Muchos detenidos preferían suicidarse antes que entrar a un interrogatorio con Merob Sosa.
Esbirro, homicida, violador de los derechos humanos son algunos de los adjetivos con los cuales se puede catalogar a este asesino.
Se refugió en los Estados Unidos huyendo de la justicia cubana, nunca se avergonzó de su pasado, se vanagloriaba de haber quemado bohíos con campesinos dentro.
Con todo su pasado, este sujeto fue seleccionado como jefe militar de la primera organización terrorista creada en 1959 en el propio territorio de Estados Unidos, la Rosa Blanca con intenciones de continuar causando daños al pueblo cubano.
Durante todas estas entregas existe un denominador común, todos los asesinos se refugiaron en territorio de los Estados Unidos, lugar donde actualmente se lanzan feroces ataques fascistas contra Cuba.
Es muy fácil decir que antes de 1959, la mayor de las antillas era una sociedad próspera cuando se ocultan las historias de muertos y asesinos que pululaban en esa época.
Estas historias y muchas más deben divulgarse para que sean de conocimiento de los pueblos.
Cuba antes de 1959 tiene una tenebrosa historia, que aquí hemos intentado darla a conocer.
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