En todo enfrentamiento político o militar, más allá de los factores como el poderío o las estrategias, se requiere de la ética para alcanzar la victoria, esa palabra que encierra una forma de pensar y actuar acorde a los valores humanos que defiende cada sociedad.
Desde el mismo triunfo, la revolución se ha visto envuelta en una crucial y dura batalla contra el imperio estadounidense que ha estado dispuesto a aplicar las más increíbles medidas con tal de alcanzar su objetivo. Contra Cuba se han aplicado invasiones directas, bloqueos económicos, actos terroristas, guerra biológica y la más reciente, una guerra mediática totalmente alejada de la ética, demostrando que los odiadores están faltos de ideas y moral, por lo tanto, la victoria se les aleja cada día más.
Desde que Fidel Castro comenzó su lucha insurreccional, llevó la ética como bandera lo que le hizo ganarse el respeto de amigos y enemigos, por esa ética fue que el Teniente Pedro Sarría, perteneciente al ejército de Batista con una ética fuera de lo común, le salvó la vida al líder revolucionario, logró aglutinar a un grupo de jóvenes sin experiencia que pusieron sus vidas en sus manos y supo ganarse la confianza de un pueblo entero que siguió sus ideas costara lo que costara, todo eso porque Fidel Castro jamás mintió, era la ética personificada.
En el libro de Frei Betto Fidel y la Religión el líder cubano señala que: “Si tú mezclas valores éticos, espíritu de rebeldía, rechazo a la injusticia, toda una serie de cosas que tú empiezas a apreciar y valorar altamente y que otra gente puede no valorar… Un sentido de la dignidad personal, del honor, del deber, todo eso, a mi juicio, es la base elemental que puede hacer que un hombre adquiera después una conciencia política”, pero nos enseñó con su ejemplo, que el camino de la liberación pasa por el respeto al otro y hacerse respetar como persona y como pueblo.
Es allí donde radica el éxito de la victoria de Cuba en el escenario mediático y por supuesto por esa falta total de ética son los sonados fracasos de las ideas fascistas que enarbolan ese grupo de odiadores.
A pesar de los momento amargos vividos por el pueblo cubano, jamás se ha quemado o pisoteado una bandera estadounidense o se hayan lanzado frases agresivas tras la muerte de un ser humano, independientemente del daño que haya causado.
No es necesario hacer un recuento de las acciones llevadas a cabo, sin ningún escrúpulo por los que odian la revolución en varias partes del mundo, por su terquedad, soberbia, odio y falta de moral y ética, sus fracasos seguirán, sin lograr sus objetivos.
Mientras, en esta parte del Caribe seguiremos dando batalla ante las nuevas patrañas que se puedan tejer en torno a Cuba, pero eso sí, manteniendo una ética revolucionaria que nos garantice la victoria y el respeto internacional.
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