#100AñosConFidel
En los tiempos que vivimos, mantener la memoria histórica de la nación es tener vivo el pensamiento de nuestros predecesores, es ser determinantes en la defensa de la patria por encima de los intereses personales. En el caso de Cuba, hablar de memoria implica entrar a las raíces de la nación, analizar cada hecho en concreto y luchar por cambiar los caminos consecuentemente cuando sea necesario y con la urgencia del momento. Hacerlo sí, pero cambiar el destino de la patria para más cubanía y revolución.
José Martí, el Héroe Nacional de Cuba nos legó para la historia una literatura que defiende desde lo más profundo la soberanía, la cubanía, la patria. Dejó de escribir para el momento que vivía y lo hizo hacia el futuro, consciente de las amenazas que como nación ya vivía Cuba.
La obra martiana debe leerse en su conjunto y entenderla como una enseñanza de continuidad. Para Martí la patria no se podía desarrollar sobre bases solamente filosóficas o dogmáticas, su pensamiento iba más allá, la patria debía ser fundada y sostenida sobre los pilares de la independencia y la dignidad.
Si nos detenemos a leer el Diario de Campaña de Martí, nos describe un país desgarrado por la guerra, dominado por el imperio que dejaba una sociedad incivilizada, sin voz, un caudillismo interno que llevó a la división de las fuerzas guerrilleras que estaban dispuestas a cambiar el rumbo del país, fracasando cada intento de liberación. Ya en esa oportunidad nos hacía la alerta, bajo el yugo imperial todo es destrucción y muertes.
El divisionismo entre las fuerzas libertarias de la isla marcó el pensamiento de Martí, las discrepancias nunca resueltas entre lo civil y lo militar marcó su pensamiento definiendo ese hecho entre ética revolucionaria y pragmatismo. Por esa misma división y llevando a lo más alto su pensamiento patrio, José Martí se lanzó al combate donde perdió la vida, una muerte que fue tan profunda en la vida de la patria que hasta el día de hoy se lleva en el pecho de cada revolucionario, fue como si su caída en combate representara la continuidad de la obra revolucionaria, fue el núcleo de la historia de la nación.
La memoria histórica no se puede ver como un hecho estático, debe reescribirse con el paso del tiempo, debe estudiarse y pensarse desde la pedagogía para su análisis en el presente y sacar de cada momento lo más representativo de la historia.
Cuba hace varios años atraviesa un momento difícil, es extremadamente necesario unir voluntades por el bien nacional, llevar la ética por encima de las dificultades, pero también la moral para seguir construyendo un proyecto socialista y no caer en los errores del neoliberalismo.
Para seguir construyendo Cuba desde la memoria histórica es tener a la patria como altar, no como pedestal, es llevar el pensamiento del apóstol a las relaciones humanas, a las relaciones del hombre con la naturaleza, la política, la economía, la ética.
Para salvar la patria y llevarla al lugar que todos nos merecemos es necesario la continuidad del pensamiento martiano, es refundar la patria leyendo las heridas del pasado, es dejar de improvisar para atender los problemas de la sociedad, es andar dentro de la multipolaridad con la mirada puesta en un objetivo común, la vida del cubano que es al fin quien hace y sostiene la patria.
Tenemos el deber y la obligación de concluir la obra de José Martí, desde nuestro pedazo de cubano es hacer y hacerlo bien, es fundar y vencer, pero desde una posición responsable.
Leer la historia de Cuba, mantener viva la memoria de la nación es la continuidad imprescindible para refundar la patria que Martí quería, es dejar a un lado los discursos vacíos ni visiones erradas, es tener un pensamiento claro y dinámico capaz de elevar al pueblo, motivarlo y desarrollar el país.
Esa es la nación que Martí siempre soñó.
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