Siempre que se realizan elecciones presidenciales en América Latina los expertos y la prensa en sentido general manifiestan que son elecciones que definirán rumbos y futuro, algo con lo cual no siempre estoy de acuerdo, pero en el caso de Brasil sí puedo afirmar que las elecciones de este 2022 definirán muchas cosas, no solo en el continente sino a nivel global.
Por su extensión, Brasil es uno de los países más grandes del mundo y la economía número 13 por su volumen de PIB ejerciendo una influencia enorme en todo el continente, siendo vital su postura en las relaciones internacionales para actuar como péndulo ante un conflicto regional.
Durante estos años de mandato del ultraderechista Jair Bolsonaro, Brasil se ha movido entre dos aguas, ser fiel a su alineamiento incondicional a Washington y olvidarse de las relaciones con los demás países de la región y mantenerse firme en sus relaciones políticas y comerciales con Rusia y China a partir de su presencia en los BRICS, además de no alinearse a las sanciones anti rusas, lo cual sin lugar a dudas ha sorprendido a más de uno.
Más allá de quien sea el elegido, es importante que el gigante sudamericano retome el camino del protagonismo en las relaciones internacionales profundizando el dialogo con los países de la región, además de trabajar para el relanzamiento y fortalecimiento de UNASUR y la CELAC, dos organizaciones en las cuales Brasil jugó un papel decisivo en su fundación, precisamente de la mano del candidato del pueblo Lula Da Silva, de ahí la esperanza que se vive por estos días.
Una victoria de Lula las esperanzas de unidad se revivirían, volvería el Brasil fuerte, sincero, políticamente inquebrantable, mientras que de mantenerse Bolsonaro en el poder veríamos un barco en alta mar a la deriva, navegando para donde sople el viento y esta opción no es buena para nadie.
La última palabra la tienen los millones de Brasileños que acudirán a las urnas, pero otros muchos estaremos pendientes para ver hacia qué manos va la perla.