Mucho se habla en la prensa internacional y
sensacionalista de los “disidentes cubanos” que adversan el proyecto social que
se lleva a cabo en el país, ¿pero realmente son disidentes,
contrarrevolucionarios o cabe el epíteto de mercenarios? En este artículo
trataremos de dar respuesta a esta pregunta, difícil para ponernos de acuerdo
pero siempre válido para poder entender lo que pasa en Cuba en materia
política.
Los conceptos de cada uno de ellos nos pueden
ayudar a entender este complicado entramado. Contrarrevolucionario es todo
aquel que adversa la revolución, disidente es aquella persona que se separa del
Partido, la religión, el gobierno o el colectivo ideológico al que pertenece
por no estar de acuerdo con su doctrina, creencia o sistema, y mercenario es una persona que realiza cualquier clase de
trabajo por una retribución, generalmente económica o que trabaja con el único
interés de ganar dinero. A partir de aquí podemos tener una visión más cercana
a lo que queremos explicar.
La contrarrevolución cubana ha sido creada,
organizada y financiada desde los Estados Unidos por lo tanto carece de
credibilidad ante el pueblo cubano ya que reciben financiamiento de una
potencia extranjera que quiere oprimir y eliminar cualquier vestigio de este
país, no es autóctona y no tiene creada
una plataforma donde explique sus objetivos, que deben ser mejorar las
condiciones de vida del pueblo, pero nada de eso, esta contrarrevolución
increíblemente, pide más bloqueo e incluso invasiones militares contra su
propio país.
Estas personas se dedican a denigrar todo lo
que sucede en el país, reciben un guión
pre determinado en Miami sobre sus declaraciones, las acciones a seguir,
actividades a realizar y formas de comportarse, toda una gama de estrategias
para que su imagen funcione.
Hay muchos “veteranos” contrarrevolucionarios
que ya pasan de los años útiles para la CIA y sus centros de subversión, pero
se les sigue pagando aun cuando sus acciones no aportan nada, pero son los
únicos que se han mantenido dentro de la isla y por ende deben mantenerlos
porque “le saben muchas cosas sucias al pagador”.
De los últimos disidentes en la palestra
pública podemos decir que después de apostar por jóvenes bien preparados, por
cierto por la revolución tampoco han logrado mucho ya que en su mayoría, por no
decir todos, buscan una visa al exterior por lo cual usan el dinero que les
entregan para lograr su ansiado viaje. No lo digo yo, allí están los últimos
ejemplos más conocidos, el de Yunior García
Aguilera y la sonada Sahilí de amarillo que ha sentido en su propia carne la
repulsa de quien le pagaba desde Miami.
Además de no tener un programa verdadero y
responder a los intereses extranjeros, estos contrarrevolucionarios son capaces
de involucrarse en fétidas discusiones para obtener la mayor tajada no logrando
consensuar acuerdos con otras organizaciones porque no les conviene dividir el
dinero que reciben. Un dato curioso, si
hablamos de organizaciones es bueno detenernos en sus nombres, largos,
pomposos, vacíos y altisonantes sino trate de traducir el nombre de UNPACU.
Otra característica de esta contrarrevolución
creada, es la de sentirse en todo momento vigilada y reprimida, por ende es
cobarde ya que sus acciones no pasan más allá de las redes sociales o actividades
“caseras” (dentro de sus viviendas) demostrado en múltiples ocasiones que es
falso esa represión porque de la noche a la mañana aparecen en otro país.
En disímiles oportunidades el gobierno cubano
ha dicho que estas personas son mercenarios y ellos han respondido que no
reciben financiamiento de nadie, pero la verdad siempre se impone y quedan al
desnudo. Para este año 2022 el gobierno de turno de la Casa Blanca ha dirigido
la suma de 20 millones de dólares para la subversión en la isla y 13 millones
para mantener las emisoras TV y Radio Martí, que no se ven ni se escuchan en
Cuba pero es un negocio redondo. Cuando el presidente Donald Trump cortó las
remesas familiares a la isla, los canales de pago a la subversión se
mantuvieron abiertos y continuaron recibiendo sus mensualidades sin muchos
problemas, lo cual está bien identificado dentro del país.
A partir de sus innumerables fracasos en
estos últimos meses han lanzado distintas maniobras con visos de legalidad,
apoyados en la Constitución de la República y aplicando algunos de los
artículos a su antojo, han organizado marchas las cuales han fracasado una y
otra vez. Hasta aquí hemos descrito algunas de las acciones de la
contrarrevolución cubana, a la cual le han tratado de dar un viso de legalidad
internacional otorgándole espurios
premios, pero eso será motivo de otro análisis.
Algo sí queda claro, la disidencia o
contrarrevolución dentro de Cuba carece de total apoyo del pueblo por ser
falsa, mentirosa, vulgar y dibujada al antojo de los Estados Unidos sin hablar
de los personajes que desde el exterior incitan al odio entre cubanos.
¿Entonces pueden ser mercenarios?
Las intenciones de Estados Unidos de
recolonizar a Cuba se mantienen, el conflicto bilateral entre ambas naciones
persiste en el tiempo con diferentes momentos de tensiones o distención pero un
mismo objetivo, desmontar toda la obra social de más de 60 años de revolución.
Como dijera el gran emperador Julio César:
“amo a la traición, pero odio a los traidores”, ese es el pago principal que
reciben los contrarrevolucionarios cubanos cuando son desechados por el
imperio.
Disentir de algo es correcto, pero hacerlo
por dinero es sucio. Mentir es aún más ruin y cobarde, eso es la
contrarrevolución cubana. Tener diferentes puntos de vista sería muy
beneficioso para la sociedad, pero siempre buscando las mejores soluciones, no
invasiones ni bloqueos, por tanto ser mercenario es lo más asqueroso que se
pueda ser en la vida.
Es un tema difícil, valen las opiniones pero
volveremos sobre el tema donde analizaremos la novedosa forma de darle
visibilidad a esta oscura contrarrevolución, manténgase al tanto, volveremos.