Mucho se ha hablado de lo sucedido en Chile donde no se aprobó la nueva constitución, pero ese no es el tema de este artículo. Tanto en las redes sociales como en la gran prensa o en cualquier lugar que sirva para expresar sus opiniones, muchos han celebrado esa decisión del pueblo Chileno y han buscado un paralelismo con el referendo que se realizará en Cuba el día 25 de septiembre para aprobar o no el nuevo Código de las familias.
Se equivocan quienes piensan que existen semejanzas y que los resultados van a ser similares. El Código de las familias ha sido leído y estudiado por millones de cubanos que dieron sus opiniones en la consulta popular que se llevó a cabo en todo el país, la comisión redactora fue realizando cambios en el documento a medida que llegaban las opiniones del pueblo hasta que quedó conformado el actual proyecto que es el que se someterá a votación, ya por aquí hay varias diferencias. El pueblo cubano ha sido partícipe de la redacción del código por lo cual ha sido un ente activo en su elaboración y comprensión y el día de la votación sabrá conscientemente, por qué va a votar y qué representa para el futuro su voto.
Otra radical diferencia entre los dos procesos ha sido la creación de noticias falsas sobre el código en sí mismo y con el proceso de votaciones en particular creadas y orientadas en su mayoría desde el exterior, algo que los Chilenos no vivieron ya que sus debates fueron internos. Varios temas como la patria potestad, el matrimonio igualitario o la responsabilidad de los padres en la familia han sido tomados como bandera para debilitarlo con sucias y muy sutiles campañas que nada aportan al debate serio y constructivo que llenó todo el país durante varios meses. Por otro lado en esta semana se han incrementado las noticias falsas de posibles fraudes el día de las elecciones, con simples y estúpidos análisis que no tienen en cuenta el limpio historial de la revolución en temas electorales, donde por cierto muchos podrían estudiar nuestro modelo por ser justo y democrático. Pero el colmo de la desfachatez llegó hace varias semanas con la publicación La Joven Cuba donde reconocía en un artículo que el Código es progresista y de avanzada pero lo descalifica el estado que promueve la norma, nada que nunca dan el brazo a torcer cuando de Cuba se habla.
Usted puede no estar de acuerdo con algún artículo de la norma, pero su aprobación va más allá de eso, es inclusivo, lleva la familia a lo más alto en el escalón de la sociedad, protege a todos sin importar raza, creencias religiosas, políticas o sexuales, es un Código que pone al amor, la solidaridad y al ser humano en el centro de atención, solo con eso basta para dar el Sí.
Es lógico que los mismos desesperados de siempre vean aquí una oportunidad para poner sus sucias ideas a funcionar y buscar resquebrajar la unión del pueblo, pero lo que no dicen es que esta votación es el más alto nivel de democracia jamás visto porque consultar al pueblo para la aprobación de leyes nunca se ha realizado en el país que se autoproclama el más democrático del mundo.
¿Cuál será el resultado de la votación?, no lo sé.
¿Es una de las votaciones más divididas y debatidas en Cuba en la historia revolucionaria?, me atrevo a decir que Sí.
Por todo lo que encierra el nuevo Código de las familias, por la revolución, por el futuro de unión y paz de esta pequeña isla del Caribe que se llama Cuba, Yo Voto Sí.