El año 2025 va quedando para la historia y las enseñanzas, la realidad
para los pueblos ha sido contrastante por el resurgir de la derecha fascista en
el continente, la aplicación en toda su extensión de la doctrina Monroe por
parte de Estados Unidos que nos sigue viendo como su patrio trasero y una
izquierda que no acaba de encontrar el rumbo que la ubique como el modelo justo
y preferido de los pueblos.
Les había prometido hablar de este tema y me demoré porque estaba
esperando el anuncio de los resultados de las elecciones en Honduras, consumado
el golpe electoral me dispongo al análisis, con la esperanza puesta en que
seamos capaces de revertir esta tendencia en el 2026, por el bien del futuro.
Un rasgo característico de estos procesos es el enfrentamiento al crimen,
la violencia y la migración. La derecha viene basando su discurso en estos
aspectos que se ha convertido en una tragedia diaria. Los candidatos
triunfadores centran su campaña en la fortaleza de las fuerzas policiales,
ganando un espacio vital a temas cono la justicia social, igualdad para todos o
trabajo justo que han sido los temas tradicionales de la izquierda.
Uno de los resultados que más ha llamado la atención fue el ascenso al
poder en Chile de José Antonio Kast, un pinochetista declarado que no oculta
sus pretensiones de reprimir a los migrantes, además de mano dura contra la
delincuencia. Pero los errores y lentitud de los proyectos progresistas también
pasan factura. José Antonio Kast presentó sus ideas de gobierno en el mes de
marzo, incluso mucho antes de ser proclamada candidata Jeannette Jara,
aprovechando que en los últimos dos años los delitos asociados al crimen
organizado en ese país crecieron un 31,8%, además de explotar con éxito el
incremento sustancial de la migración irregular.
Otro que se mantuvo en el poder fue Daniel Noboa en Ecuador, quien asumió
la presidencia con un incremento de la violencia sin precedentes, logró
convencer a los electores que su enfrentamiento directo al crimen es la mejor
manera de estabilizar el país, derrota fuerte y costosa para el correísmo,
demostrando una vez más que la seguridad pública es prioridad para el
electorado.
En Ecuador los homicidios intencionales crecieron hasta un 412% entre
2020 y 2024 con 7033 muertes anuales, convirtiéndose en solo una década en uno
de los países más inseguros del mundo. De forma inteligente Noboa utilizó esta
situación a su favor declarando un “conflicto armado interno”, permitiéndole a
las fuerzas de seguridad actuar contra la violencia con respuestas fuertes y
contundentes.
Otro aspecto que ha golpeado a este país es la desunión del correísmo donde
la traición de Lenín Moreno ha puesto en jaque a estas fuerzas quienes no han
sido capaces de motivar a sus seguidores y pueblo en general con un discurso
moderno, atractivo y dinámico.
En Bolivia sucedió algo diferente. La crisis interna del oficialismo
boliviano en la alta esfera del MAS, sumado a una gestión económica desgastada
tras décadas en el poder, significó la victoria de Rodrigo Paz Pereira quien
enfocó su campaña en la recuperación económica, el fortalecimiento de la
seguridad y la recuperación de las instituciones supuestamente arrasadas por el
MAS y el gobierno de Luis Arce lo que
inclinó la balanza a su favor a pesar que los bolivianos han vivido en carne
propia la represión de los anteriores gobiernos de derecha.
No obstante, también la inseguridad fue bandera de Paz Pereira al
presentarse un incremento del 10% entre el 2022 y 2023 además de llevar a la
percepción que el gobierno dejaba a un lado la atención a temas prioritarios de
la agenda nacional, mientras se diluían en disputas internas. Esta situación
puso en peligro la permanencia del MAS como partido político, situación
prácticamente irreversible en los próximos años.
En Argentina Javier Milei salió triunfador en las elecciones de medio
término cuando todo parecía indicar lo contrario. La “supuesta” baja de la
inflación, la estabilidad macroeconómica, sus excelentes relaciones con los Estados
Unidos, así como implantar la idea de revertir las políticas permisivas del
Kirchnerismo lo llevaron a obtener una aplastante victoria.
En Honduras se ha estado gestando un golpe electoral. Después de una
gestión exitosa de Xiomara Castro parecía todo encaminado a que la izquierda se
mantuviera en el poder, pero la intervención descarada de Donald Trump, las
amenazas de retirar su apoyo económico, así como sembrar el miedo al “comunismo”
giraron las preferencias del electorado.
En este caso no todo está dicho, las denuncias de fraude y la impugnación
del resultado indican que el camino a la presidencia para Nasry Asfura,
casualmente el candidato preferido de Donald Trump no será fácil, pero es muy
difícil que las cosas vayan a cambiar de la noche a la mañana.
Hasta aquí un repaso de lo sucedido con el ascenso de la derecha fascista
y neoliberal al poder en el continente, situación que llevó a la presidenta de México
a realizar un llamado a las fuerzas progresistas para que analicen estos
resultados y la forma de revertirlos, algo imprescindible de cara al 2026.
Ahora bien, es necesario entender que el enfrentamiento a la violencia
son respuestas a las crisis reales. Los sucesivos gobiernos de izquierda han
sido poco rigurosos en el enfrentamiento a la delincuencia, ya sea por miedo a
ser tildados de autoritarios o violadores de los derechos humanos; o ya sea
porque anteriormente, desde la oposición han criticado la violencia de la
policía o los entes armados.
Esta situación ha dejado un vacío que lo ha ocupado muy bien la derecha
regional, que se ha mantenido fuerte y muy bien organizada, algo que la
izquierda progresista no ha podido sostener después de los años dorados en el
continente.
No podemos continuar entregando nuestro continente a las ansias de
dominación imperiales, en casi todos estos países la presencia militar
estadounidense será un peligro para los gobiernos de izquierda, en especial
Cuba, Venezuela y Nicaragua bastiones infranqueables que se mantienen a pesar
de los pesares.
El año 2026 depara elecciones en Costa
Rica, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil y Haití a distintos niveles según corresponda.
Esperemos que este
tiempo que resta ante cada nuevo capítulo electoral, permitan analizar y
encausar el rumbo de América Latina.
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