En la última entrega habíamos quedado en la huida del tirano Gerardo Machado en 1933, ocupando el cargo de presidente Alberto Herrera Franchi que fue el único miembro del gabinete que no renunció por lo que sobre él recayó la presidencia y la responsabilidad de entregar el poder a Carlos Manuel de Céspedes. La presidencia de Herrera Franchi solo duró unas horas, entre el 12 y 13 de agosto de 1933.
Carlos Manuel de Céspedes asciende a la presidencia de la República el 13 de agosto de 1933, se designó presidente de un gobierno de “Concentración Nacional” con la participación de las agrupaciones políticas que habían aceptado la mediación del embajador estadounidense. Este gobierno se inicia en medio de una gran efervescencia revolucionaria, sufriendo las consecuencias del régimen de caos y confusión que vivía la nación por lo que organizaciones opositoras lo catalogaron como una continuidad del gobierno de Gerardo Machado.
A partir de rumores de una sensible reducción de los efectivos militares y rebaja de los salarios ocurre la sublevación de los sargentos, quienes ocuparon Columbia y dieron un golpe militar, entregando la presidencia de la República sin oponer resistencia.
El 5 de septiembre de 1933 asume la dirección del país una Comisión Ejecutiva de cinco miembros, decidiéndose que cada uno de ellos atendería varias ramas de la administración, aunque debían actuar en común acuerdo en todas las decisiones fundamentales. Esta Comisión Ejecutiva o pentarquía no fue reconocida por el gobierno de los Estados Unidos y se tomaron un grupo de medidas para su aislamiento diplomático internacional, se le negó el nuevo tratado de reciprocidad comercial, se aprobó el embargo de armas por lo que era inminente una intervención de los Estados Unidos a Cuba. En poco tiempo el número de buques de guerra que rodearon la isla ascendió a 29 unidades.
El gobierno colegiado se enfrentaba a una gravísima crisis económica y política, además presentaba fuertes rupturas internas que hacía imposible que sus miembros lograran consenso en relevantes asuntos, lo que unido a la presión estadounidense y del ejército originó la renuncia de varios integrantes del gobierno hasta que el 10 de septiembre de 1933 la junta militar de Columbia decidió disolver la pentarquía y nombrar como presidente de la República de forma provisional a Ramón Grau San Martín que se desempeñaba dentro de la comisión.
El 10 de septiembre de 1933 jura a su cargo ante el pueblo ya que se negó a jurar ante el Tribunal Supremo y ante la constitución de 1901 alegando que la misma contenía la Enmienda Platt. Los Estados Unidos no reconocieron al nuevo gobierno y unos pocos países del área fueron los que establecieron relaciones diplomáticas.
Los partidos burgueses tradicionales y la antigua oficialidad del ejército tampoco reconocieron al gobierno de los cien días por lo que se aliaron y lo atacaron. El embajador de Estados Unidos se dio cuenta que era imposible derrocar el gobierno de Grau con el empuje de los políticos tradicionales por lo que buscó alianza con el nuevo poder militar que encabezaba el Coronel Fulgencio Batista, quien a partir de hábiles maniobras presionó a Grau, logrando que presentara su renuncia el 15 de enero de 1934.
Pero aquí no concluye la seguidilla de presidentes que ocuparon el cargo entre los años 1933 y 1934. El gobierno de los Estados Unidos manipuló a sus anchas a militares y partidos tradicionales para mantener sumida a Cuba en una profunda crisis política y de esa manera mantener su influencia en el país.
La próxima semana continuaremos describiendo esta época perdida en la historia de Cuba.
| Carlos Manuel de Céspedes, derrocado por un golpe militar. |
| Ramón Grau San Martín, presidente del gobierno de los cien días. |
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