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03 mayo 2022

Cuba, presidentes y Neocolonia. (Final)

 

Después de las elecciones Fulgencio Batista toma posesión del cargo el 24 de febrero de 1955 prometiendo la restitución de la constitución de 1940.

En el mes de abril visitaba a Batista el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Allan Dulles. El mismo manifestó al presidente la preocupación del gobierno de los Estados Unidos por la actividad de los Comunistas en Cuba. Un mes después, el 15 de mayo de 1955, Batista, mediante decreto disponía la creación del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), destinado a monitorear y reprimir las actividades de los elementos marxistas dentro de la nación.

El 6 de mayo luego de ser aprobadas por ambas cámaras del Congreso cubano, Fulgencio Batista firmó la ley de amnistía que ponía en libertad a todos los presos “políticos”, incluyendo los asaltantes al Cuartel Moncada que cumplían sanciones en Isla de Pinos, viajando Fidel Castro y sus compañeros hacia México donde se reorganizan bajo el nombre de Movimiento 26 de julio.

Batista representó en su último gobierno la más alta expresión del dominio de los monopolios extranjeros y la oligarquía nacional sobre la economía cubana. En materia económica encabezó un gobierno de corte delictivo, entreguista y completamente corrupto, que saqueó las finanzas del país y estableció negocios sucios de todo tipo con la mafia Ítalo-norteamericana con el objetivo de enriquecerse.

Apenas dos meses después de haber accedido al poder el gobierno de Batista facilitó a la compañía norteamericana Electric Bond an Share a través de la Financiera Nacional de Cuba, la cantidad de 10 millones de pesos para su expansión industrial. De esta forma los órganos financieros del estado, que habían sido creados para el desarrollo del país comenzaron de forma sistemática el desvío de recursos de la nación para intereses privados.

Durante este periodo en las zonas rurales cerca del 60% de los campesinos vivían en barracones con techo de guano y piso de tierra desprovistos de sanitarios o agua corriente, cerca del 90% no tenían electricidad y el 43% eran analfabetos.

Sin embargo, La Habana estaba llena de casinos, prostíbulos, tráfico de drogas al servicio de organizaciones criminales estadounidenses, policías corruptos y políticos elegidos convenientemente. En un intento de sacar provecho de este entorno, Batista estableció relaciones duraderas con el crimen organizado, en especial con mafiosos norteamericanos.

A finales de 1955 las revueltas estudiantiles y las marchas anti Batista eran frecuentes y el desempleo se convirtió en un auténtico problema ya que no se podía conseguir ningún puesto de trabajo estable. Estos problemas fueron tratados con el aumento de la represión, donde los jóvenes eran vistos como sospechosos revolucionarios. Debido a su constante oposición al dictador y la gran actividad revolucionaria que había en la Universidad de la Habana, ésta fue cerrada el 30 de noviembre de 1956 y no volvería a reabrirse hasta el derrocamiento del régimen.

Para que se tenga una idea de la feroz represión desatada durante estos años, el Colegio Médico de Cuba publicó un informe sobre la situación política del país que presentó en la XI Asamblea General de la asociación Médica Mundial el 29 de septiembre de 1957 donde señaló “los combatientes de la lucha armada que se rinden son liquidados, no hay prisioneros, solo hay muertos. Muchos opositores no son presentados al Tribunal de Justicia sino ejecutados con un tiro en la nuca o ahorcados (…) en la embajada de Haití, diez solicitantes de asilo fueron asesinados por la fuerza pública (…) la prensa está totalmente censurada (…) en los locales de los cuerpos represivos de la policía y del ejército, torturan a detenidos para arrancarles por la fuerza la confesión de supuestos delitos (…).

Para fines de 1958 la debacle de la dictadura de Batista parecía inevitable. El gobierno estadounidense había preservado al dictador en el poder suministrando aviones, barcos y armamento moderno, no obstante la pérdida de apoyo dentro de Cuba y el empuje de la guerrilla comandada por Fidel Castro contribuyó a que el tirano huyera del país el 1 de enero de 1959 en horas de la madrugada, llevando consigo una fortuna de más de 2 millones de dólares, concluyendo de esa forma la República neocolonial, dando paso al proceso revolucionario en el país.

Como hemos visto, los años de Batista fueron de represión, corrupción, pobreza y muerte, algo que algunos oportunistas ignoran, periodo que costó miles de vidas de jóvenes valerosos.

Hasta aquí esta serie de trabajos sobre la Cuba neocolonial, esperamos que haya sido de su agrado y en otra oportunidad continuaremos analizando distintos hechos históricos, porque jamás se puede olvidar la historia que se ha vivido.

Fulgencio Batista, 1938.jpg
Fulgencio Batista.


Batista durante una visita a los EEUU.

Barrio marginal de La Habana en 1954.

 

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