El 2 de diciembre de 1956, Fidel desembarcaba al frente de la expedición del Yate Granma por playa Las Coloradas, provincia de Oriente. Dos días antes los combatientes clandestinos del Movimiento 26 de julio, al mando de Frank País, habían llevado a cabo en Santiago de Cuba un levantamiento en apoyo al desembarco. Por retraso en la navegación debido al mal tiempo y otras circunstancias que retrasaron su llegada, el levantamiento no coincidió en el tiempo, siendo un fracaso.
Durante el desembarco que ocurrió exactamente en una punta de mangle conocida como los Cayuelos, los combatientes perdieron casi todo el alijo de armas y provisiones con que contaban. El terreno por el cual comenzaron a desembarcar era fangoso, cubierto de manglares lo que hacía más difícil avanzar, no demoraron en salir lesiones en los pies retrasando aún más la marcha.
La mayoría de los combatientes se fueron deshaciendo durante la marcha del pesado equipo de guerra que portaban, quedándose solo con lo indispensable para luchar. Durante la noche del 4 de diciembre logran llegar hasta las guardarrayas del Central Niquero, pero dejaron muchas huellas durante el traslado, siendo muy fácil su detección por el ejército.
En la mañana del 5 de diciembre de 1956, los 82 expedicionarios acamparon a la orilla de un cañaveral, en un lugar conocido como Alegría de Pío dispuestos a descansar todo el día de la extenuante travesía, pero fueron sorprendidos por el ejército, iniciándose un feroz combate.
Bajo el intenso fuego, sorprendidos, en medio de la confusión los combatientes se dispersaron. Los jóvenes expedicionarios inexpertos en el arte de la guerra habían subestimado los vuelos de aviones del ejército que los estuvieron rondando desde bien temprano.
El fuego del ejército fue enorme, recibieron varios llamados a rendirse y es cuando se escucha la voz del Capitán Juan Almeida Bosque que grita “Aquí no se rinde nadie …”
Fidel Castro trató de reagrupar a los expedicionarios en un cañaveral cercano a la zona de combate, pero no pudo lograrlo, abandonando el escenario de combate cada cual como pudo, solos o en pequeños grupos.
La cantidad de muertos en el combate no es muy clara, se recoge solamente a Humberto Raimundo Lamothe Coronado, Carlos Israel Cabrera Rodríguez y Oscar Rodríguez Delgado, otros muchos expedicionarios fueron detenidos y heridos.
Los días posteriores fueron tensos, el ejército de la tiranía asesinó a varios de los prisioneros elevando la cifra a 21 muertos en la primera acción de combate.
Tras la dispersión obligada, los combatientes intentaban llegar a cualquier precio a las derivaciones de la Sierra Maestra. La red de campesinos organizada en toda la zona por Celia Sánchez Manduley y Frank País García resultó de gran ayuda para la localización de los expedicionarios, así como en la búsqueda de armamento.
Poco a poco los jóvenes combatientes se fueron reagrupando y el 20 de diciembre totalizaban 20 hombres. 15 expedicionarios y 5 campesinos que ya se habían incorporado a la guerrilla. El 25 de ese propio mes, Fidel decide reiniciar la marcha hacia la profundidad de la Sierra Maestra.
Continuará.
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