El actual gobierno de los Estados Unidos ha intentado demostrar al mundo que se encuentra en una batalla colosal contra las redes de narcotraficantes que se mueven por el Caribe, ha realizado un despliegue naval y militar en esa área sin precedentes asesinando a personas que supuestamente trafican drogas, cuando lo más sensato habría sido detenerlos y juzgarlos de acuerdo a las leyes internacionales. Ya conocemos cual es el verdadero interés de la administración Trump manipulada por Marco Rubio, pero otro elemento demuestra que esta supuesta batalla contra las drogas es solo una justificación absurda.
En una jugada que demuestra la decadencia imperial, el doble rasero y las enormes contradicciones internas en la política estadounidense, el inquilino de la Casa Blanca indultó al ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández quien cumplía una condena de 45 años de prisión por narcotráfico.
Juan Orlando Hernández (JOH) fue presidente de Honduras entre 2024 y 2022, siendo investigado por fiscales norteamericanos los cuales demostraron que el ex presidente hondureño facilitó el tráfico de aproximadamente 500 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos, recibiendo por ellos millones de dólares que utilizó en campañas electorales y entrega de regalos para obtener beneficios personales.
Durante la investigación se demostró que JOH tenía una doble cara, mientras por un lado se presentaba como aliado incondicional de Washington en la lucha contra las drogas, tenía relaciones con el Cártel de Sinaloa transportando e introduciendo la cocaína en territorio estadounidense.
Como dato curioso debemos señalar que las investigaciones comenzaron durante el primer mandato de Trump, aunque el juicio y la sentencia final ocurrieron durante Biden, siendo declarado culpable recibiendo una sentencia de 45 años de prisión. Para justificar este indulto, Donald Trump expone que JOH ha “sido víctima de la injusticia”, ignorando todas las pruebas presentadas y recopiladas, una buena parte de ellas durante su primer mandato.
Ahora bien, este indulto presidencia no fue un acto de buena voluntad, fue una jugada política de peso. Este hecho ocurrió en medio del proceso electoral en Honduras (que aún no hay un resultado final y se conoce la enorme injerencia de Trump en el proceso) para beneficiar directamente al candidato favorito de EEUU, el derechista Nasry “tito” Asfura, del Partido Nacional.
Por otro lado, premió a un antiguo aliado de las políticas agresivas de Estados Unidos en la OEA y quien fuera un puntal de las batallas de la ultraderecha continental contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Las enseñanzas de este caso nos dicen que Estados Unidos no es un aliado confiable, utiliza la lucha contra las drogas como arma de presión política y guerra sicológica contra estados soberanos, además de utilizar los indultos presidenciales de forma conveniente y que sirvan para frenar a los movimientos progresistas del continente, como ha ocurrido actualmente en Honduras.
El doble rasero en las relaciones internacionales del imperio es claro, mientras aplica un feroz bloqueo a Cuba y amenaza militarmente a Venezuela por, según ellos, “falta de democracia o narcoestado”, indulta a un ex presidente sancionado por los propios tribunales de ese país, demostrando de esa manera que los principios éticos y morales en Washington no existen y que se manipulan en dependencia de los intereses geopolíticos.
Este capítulo en la segunda temporada de Trump lo va a debilitar considerablemente, la congresista María Elvira Salazar no apoyó esa decisión, aunque tampoco fue muy crítica con el gobernante y en la bancada republicana se desmorona la falsa unidad que desean mostrar.
El indulto a Juan Orlando Hernández se utilizó como medida de presión, para fortalecer a un aliado incondicional que lo habían perdido e intentan recuperar a toda costa.
La lucha contra el tráfico de drogas sigue siendo un arma de intervención en los asuntos internos de nuestra América.
