El mundo se ha estado estremeciendo en los
inicios de esta década, primero por los efectos devastadores de la pandemia de
COVID19 y en estos meses por el conflicto en Ucrania, azuzado por Estados
Unidos y la OTAN, seguidos ciegamente por la Unión Europea.
Un nivel nunca visto de sanciones hacia una
potencia como Rusia y el desvío de millones de dólares en armamentos y
aseguramientos para Ucrania han colocado a la economía mundial al borde del
colapso. Una inflación que parece no tener fin, un aumento desmesurado de los
precios de los alimentos y los combustibles han comenzado a afectar a los
países desarrollados que han llevado la punta en la guerra y las sanciones, empieza
a desarrollarse el efecto dominó o boomerang, como usted desee llamarlo.
Comencemos el análisis por Estados Unidos
donde la inflación ha estado golpeando el poder adquisitivo del estadounidense,
en Abril el índice de precios al consumidor había subido 0,3% y un 8,3% en los
últimos 12 meses. Los servicios que más han aumentado son los combustibles, la
energía, electricidad y la comida en casa, todos con aumentos en abril de dos
dígitos. Aunque esta situación ha estado oscilando cada mes, no se percibe una
estabilización en los próximos meses. El propio gobierno informó que durante el
primer trimestre del año la economía se contrajo un 0,4%. A pesar de estos datos el gobierno de turno en
la Casa Blanca se empecina en aprobar otras partidas millonarias para Ucrania,
afectando el nivel y la calidad de vida de sus habitantes.
En el caso de Europa, la oficina de
estadística del bloque señala que el índice de inflación en la zona Euro llegó
en marzo a un 7,5%, teniendo en este aumento el mayor peso el nivel de las
sanciones a Rusia. El alza de los precios al consumidor continúa matizado por
el alza en el petróleo, el gas y la electricidad, estando mucho más marcada que
meses anteriores. El precio de los alimentos se aceleró en marzo a 5% tras
haber tenido un aumento de 4,2% a inicios del año.
En Turquía los datos para el futuro no son
nada halagüeños marcando los índices de inflación en un 42,8%, 19 puntos más
que las previsiones que se habían realizado anteriormente. El banco central de
ese país marca la inflación como la más alta de las últimas décadas y no ven
con buenos ojos los años venideros. La propia institución bancaria Turca marca
la inflación para los alimentos en este año en un 49% y para el 2023 lo está
marcando en un 15%, es decir, que el futuro es realmente incierto.
Un país que ya no pertenece al bloque
europeo, pero ha tenido una activa participación en el conflicto, el Reino
Unido, la inflación ha subido en un año
6,2% aumentando a su ritmo más rápido en 30 años. Hasta el mes de marzo los
precios han subido 6,2% y se espera que la situación empeore aún más por el
aumento global de los combustibles y esos datos lleguen a tener dos dígitos.
Esta situación en el Reino Unido ha obligado a muchas más personas a realizar
largas colas para recibir comida en distintos refugios habilitados al efecto.
También en América Latina se sienten los
movimientos de la economía mundial, en Argentina en los primeros tres meses del
año el precio de los alimentos había subido un 20%. A pesar de los esfuerzos
del ejecutivo por contener la inflación, en marzo fue de 55.1%, 2.8% por encima que el
mes de febrero. En este país los valores inflacionarios para los meses
venideros no tienen buenas noticias, marcado fundamentalmente por un aumento
desmedido en el precio del trigo, alimento fundamental en el país sudamericano
por lo que se han visto en la necesidad de regularlos.
En el caso de México, otro país que marca el
ritmo de la economía en el área, la inflación se sitúa 7,72% la más elevada de
las últimas dos décadas. Esta subida en el costo de la vida ha tenido consecuencias
drásticas en uno de los productos insignes en ese país, la tortilla. El precio
de este producto de alta demanda creció un 17,42% anual en la primera quincena
de abril, lo que representa que por el mismo precio los mexicanos pueden
comprar menos tortillas que el año anterior. Por supuesto que el gobierno ha
comenzado a aplicar sus medidas de control con algunos productos, incluyendo
primeramente el maíz y las tortillas.
Estos datos reflejan una inestabilidad
económica global, siendo la punta del iceberg Rusia y Ucrania quienes son dos
de los principales exportadores mundiales de recursos energéticos y materias
primas. Rusia es el primer exportador de fertilizantes y gas natural y el
segundo exportador de petróleo crudo. Mientras las producciones de trigo de Ucrania
significan un tercio de las exportaciones mundiales del cereal, produce el 80%
del aceite de girasol y el19% del maíz.
Las previsiones para el futuro cercano
dependen de cuanto se extienda el conflicto y hasta cuando duren las sanciones contra
Rusia, aplicar medidas inteligentes encaminadas a estabilizar los precios y
detener la inflación es lo más sensato en este momento.
El aumento del costo de la vida, agudizado
por la situación internacional actual supone un reto para la crisis de seguridad
alimentaria que vive el mundo, siendo los más afectados los países de menos
ingresos.
El mundo se encamina a una crisis económica,
la inestabilidad en los precios de productos así como la incapacidad de los
gobiernos de aplicar medidas efectivas para frenar la inflación nos llevan a un
futuro de incertidumbre y dudas.
En próximas entregas analizaremos la subida
en el precio de los alimentos a nivel mundial, según la FAO, situación que
continuará generando inseguridad alimentaria a nivel mundial.