
La derrota de la Ofensiva de Verano, creó las condiciones necesarias para la preparación y realización de la Ofensiva Final del Ejército Rebelde, al mismo tiempo que aceleró la situación revolucionaria existente, posibilitando que en apenas cinco meses se produjera el Triunfo de la Revolución Cubana. Para ello se elaboró un plan que contaba de tres aspectos: Estrategia de la Victoria, Preparativos de la Ofensiva y la Realización de la Ofensiva Final.
Desde que se produjo la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio en los Altos de Mompié en la Sierra Maestra, quedó elaborada y a su vez apoyada, la estrategia para la conducción de la Guerra de Liberación Nacional. Sin embargo, en aquel momento era imprescindible crear condiciones para resistir, combatir y rechazar la poderosa ofensiva enemiga que la dictadura batistiana, con tanto empeño había concebido para tratar de destruir a las fuerzas guerrilleras.
Derrotada la ofensiva enemiga, la comandancia general del Ejército Rebelde ratifica su estrategia y para ello toma en cuenta todo un conjunto de factores económicos, políticos, militares e internacionales que aseguran su cumplimiento exitoso, además de prever todas las posibles situaciones que se puedan crear y cómo enfrentarlas.
En primer lugar, la estrategia contemplaba convertir la mitad oriental del país en un gran campo de batalla y a la provincia de Oriente en una gran Sierra Maestra en la que, al igual que en la Ofensiva de Verano, el Ejército de la dictadura sufriera una aplastante derrota.
Con ello se concebía la realización de dos campañas militares; una en Oriente, bajo el mando directo del Comandante en Jefe Fidel Castro, con el objetivo de neutralizar las guarniciones del interior de la provincia; ocupar o destruir las vías de comunicaciones y tomar sucesivamente los pueblos y ciudades más importantes procurando aislar y hostigar a la ciudad de Santiago de Cuba sobre la cual, finalmente se concentrarían los esfuerzos principales con el objetivo de tomarla.
La otra campaña militar se desarrollaría en la provincia de Las Villas, bajo la conducción del comandante Ernesto Guevara, en estrecha cooperación con las fuerzas que operaban en esta región, con el objetivo de impedir el paso de fuerzas y medios hacia el Oriente o que el enemigo se retirara hacia el Occidente, así como la toma de los pueblos y ciudades de la provincia para, finalmente, atacar la ciudad de Santa Clara.
Para la consecución de estos objetivos estratégicos se hacía imprescindible tomar un conjunto de medidas que aseguraran su cumplimiento. Las intervenciones del Comandante en Jefe, por Radio Rebelde, los días 17 y 18 de agosto de 1958, así como la carta enviada al comandante Juan Almeida, el 8 de octubre de ese año, contienen la estrategia del Ejército Rebelde, así como los elementos que aseguran, su cumplimiento:
" (...) las columnas rebeldes avanzarán en todas las direcciones hacia el resto del territorio nacional sin que nada ni nadie las pueda detener El pueblo de Cuba debe prepararse a auxiliar a nuestros combatientes"
Desde los primeros días de agosto, el Comandante en Jefe dicta un conjunto de órdenes e indicaciones para seleccionar, armar y formar distintas unidades rebeldes con vistas a su inmediata salida para el resto del territorio nacional. Semejante empresa era difícil, toda vez que el armamento arrebatado al enemigo era de alrededor de medio millar y que las fuerzas rebeldes tampoco habían recibido cargamentos de armas desde el exterior.
No obstante, esta insuficiente cantidad de armas, municiones, ropa, calzados y otros aseguramientos, pero tomando en cuenta el papel y lugar de cada una de las unidades, comienzan a formarse columnas y pelotones, los que de inmediato salen a cumplir sus misiones.
Así, el 11 de agosto, el comandante Juan Almeida Bosque con un grupo de combatientes reforzado de armas y municiones regresa a su zona, el III Frente Mario Muñoz. Simultáneamente y con vistas al fortalecimiento de esta dirección, el Jefe de la Revolución ordena la formación de otras tres unidades para operar en igual cantidad de zonas: Limoncito, Matías y Hongolosongo, bajo la jefatura del Comandante Guillermo García y los capitanes Calixto García y Universo Sánchez, respectivamente.
El 21 de agosto el comandante Camilo Cienfuegos parte de la Sierra Maestra con el objetivo de establecer un frente permanente en la provincia de Pinar del Río.
El Comandante en Jefe preocupado por la extraordinaria importancia del III Frente y el papel a desempeñar en la Ofensiva Final, ordena la formación de dos nuevas columnas: la Columna 9 Antonio Guiteras y la No. 10 René Ramos Latour, bajo el mando de los comandantes Hubert Matos Bénitez y René de los Santos Ponce. La primera partió el 28 y la segunda el 30 de agosto. También, junto a los combatientes de la columna No. 10 partió un destacamento con la misión de incorporarse y fortalecer la lucha clandestina en la ciudad de Santiago.
El 31 de agosto parte el Comandante Ernesto Guevara con la Columna No. 11 Cándido González, bajo el mando del comandante Jaime Vega, con el objetivo de abrir un frente guerrillero en la provincia de Camagüey.
Durante este mes el comandante en Jefe comienza a tomar las medidas necesarias para la apertura de un nuevo frente de guerra en la provincia de Oriente y ordena la formación de la Columna No. 14 Juan Manuel Márquez, bajo el mando del capitán Orlando Lara Batista. El 5 de septiembre envía un pelotón para operar en la carretera Bayamo -Manzanillo y el 30 ordena al capitán Eduardo Suñol, para que con un pelotón reforzado opere en la Sierra de Gibara.
El 10 de octubre parte hacia el IV Frente el comandante Eduardo Sardiñas con la Columna No. 12 Simón Bolívar y el día 25, el Comandante Delio Gómez Ochoa parte con la Columna No. 32 José Antonio Echeverría para asumir la jefatura de este frente.
Por último, y con el objetivo fundamental de operar sobre la carretera Bayamo-Manzanillo se forma la Columna No. 31 Benito Juárez, bajo el mando del capitán Luis Pérez Martínez.
De este modo, en apenas tres meses, el Comandante en Jefe, en cumplimiento de sus planes estratégicos constituyó y envió hacia distintas zonas de operaciones del país a 16 nuevas columnas rebeldes, las que junto a los frentes ya existentes y a las otras fuerzas revolucionarias que combatían en otras provincias, especialmente, del Directorio Revolucionario, el 26 de Julio y el Partido Socialista Popular, quienes debían desarrollar la Ofensiva Final.
La ampliación del teatro de operaciones militares se realizó simultáneamente con un gran número de misiones combativas y organizativas, todo lo cual contribuyó significativamente a que estos preparativos de la ofensiva rebelde obligaran al repliegue y derrota de importantes posiciones enemigas, a la vez que el poder revolucionario en los territorios liberados se fortalecía y el movimiento revolucionario clandestino actuaba en interés de las acciones combativas guerrilleras.
Por otra parte, además de que las derrotas enemigas influían en el estado político-moral del ejército y, por tanto, aumentaban las deserciones e incorporación al Ejército Rebelde el Estado Mayor del ejército reconocía, en privado, que tenía perdida la guerra. Así comenzaron a elaborar planes, no ya para combatir, sino para tratar de evitar la destrucción de las fuerzas armadas; para ello apelaron a las conspiraciones militares en complicidad con Batista y la embajada de Estados Unidos.
A un supremo esfuerzo político por evitar su derrota también se tuvo que enfrentar la dictadura: la farsa electoral del 3 de noviembre. Pero la dirección de la Revolución, con previsión e inteligencia no sólo supo elaborar planes para frustrarla, sino que sus acciones contribuyeron a crear las condiciones para el inicio de la Ofensiva.
Para mediados de noviembre, todas las fuerzas rebeldes se encontraban en sus zonas, listas para iniciar la Ofensiva. El apoyo popular era mayoritario; en las filas del enemigo reinaba la duda y el pánico, la vida económica del país estaba semiparalizada; la simpatía hacía la Revolución Cubana por parte de varios países era una realidad.
Continuará