El equipo cubano de béisbol que jugó el Clásico Mundial lo hizo en Miami y perdió contra los Estados Unidos, pero más allá de la derrota, en Cuba se vivieron hermosas jornadas del renacer de la pelota, sentimientos que hacía años no se sentían en el país.
Independientemente del resultado deportivo se produjo todo lo que habíamos dicho, es una pena el bochornoso espectáculo de una gusanera desesperada que saboteó lo deportivo durante todo el tiempo del partido.
Una y otra vez lo hemos mencionado, la ciudad del odio contra Cuba, politizaron el deporte hasta su máxima expresión y deja mucho que desear como sede para eventos de primer nivel.
Por supuesto que no han logrado nada, porque en Cuba se disfrutó del juego y se recibe al equipo con todos los honores, para aquellos que intentaron sabotear lo bello, gracias por enseñar al mundo la calaña y el estiércol que los rodea.
Miami, la ciudad del odio, ese título no hay quien se los quite.
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